• Natalia Vispo

MUJER DE NEGRO EN LA ÓPERA


Mujer de negro en la ópera (Fig. 2) es una obra de la francesa Mary Cassat, que data del año 1879, apenas dos años después del famoso óleo La primera salida (Fig. 1) de Pierre-Auguste Renoir, referente del Impresionismo si los hay.

A pesar de la cercanía temporal, podemos evitarnos el prejuicio acusatorio de plagio, si nos detenemos en los detalles de la composición de Cassat, que más que plagio, entiendo, hace una relectura feminista del evento social.


Para la época (alrededor de 1880), asistir a una ópera era una de las pocas actividades sociales

a las cuales las mujeres tenían acceso. Pero para no perder la costumbre, la gracia eran ellas mismas.

Los palcos estaban al servicio del público, no tanto para disfrutar del espectáculo, sino como lugar de encuentro y de exposición de quienes los ocuparan. De ahí que, para estar en la vidriera fuera imperioso

estar de punta en blanco.


Mientras que en la obra de Renoir (fig. de la izq.) nos encontramos con una chica joven, de una estética

muy femenina y con gestos delicados, vemos en la obra de Cassat (fig. de la dcha.) la contrapartida.

La protagonista es una mujer de edad madura que viste un atuendo negro, color que estaba reservado exclusivamente para el vestuario masculino, con el objetivo de que quien observara de manera anónima

desde el público, pasara desapercibido. En este sentido, la vestimenta de esta mujer no fue elegida para ser admirada, sino para taparse y ocultar -de paso-, cualquier parte del cuerpo que pudiera llamar la atención de los hombres. Es interesante el tono burlesco que maneja Cassat en su representación. Ella pone en evidencia el descaro con que muchas veces los varones observan a las mujeres. Cuando incorpora, allá al fondo, a ese hombre de binoculares, demuestra no solo la incomodidad que genera su actitud sino también cómo el tipo ejerce el poder con su mirada, afirmando el control visual sobre las mujeres como sujetos de su deseo. Sin embargo y para nuestra tranquilidad, la dama de negro juega un papel activo , fijando su mirada en el centro de la escena, actitud que la diferencia del rol inocente de la mujercita de Renoir y la hace ver un tanto masculina.

Miren qué curioso también el detalle del gesto de la mano que sostiene el abanico. Si la comparamos con la que lleva el ramo de flores, en Cassat vemos cierta firmeza que nos hace pensar que la mujer toma un arma, más que un abanico, la podríamos ver como alguien que bien sabe defenderse.


Todo esto me obliga a hacer cuentas, y noto que pasaron 140 años desde aquel entonces. Ya existían mujeres que cuestionaban su posición en la sociedad y que velaban, desde sus respectivas actividades por la igualdad de derechos y de oportunidades. Nos queda un laburo arduo no sólo para conquistar nuevos espacios, sino también para reconstruirnos, para tomarnos el tiempo de encontrar estas mujeres perlas (debe haber miles), cuyos relatos fueron silenciados por la historia que nos fue contada.


Fig. 1 _La première sortie_ 1877, Pierre-Auguste Renoir

Fig. 2 _Woman in black at the Opera_ 1879, Mary Cassat


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