• Natalia Vispo

Antropofagia

Contra todos los importadores de conciencia enlatada.”

Manifiesto antropófago, Oswald de Andrade, 1928


Siempre que escucho la palabra antropofagia pienso en la película Viven. Pero parece que existen otras connotaciones interesantes más

allá del canibalismo.


El Manifiesto Antropófago fue un escrito pensado por un grupo de artistas brasileros deseosos de dar espacio a un nuevo arte autóctono.

Su principal autor, el poeta Oswald de Andrade, decidió para el escrito, retomar el término antropofagia, una palabra muy utilizada en los diarios de registro de los conquistadores europeos, en los cuales -así como quien no quiere la cosa-, estos tipos aseguraban que la comunidad brasilera Tupinambá, capturaba a sus enemigos con la intención de devorarlos, incorporar así sus virtudes de fuerza y coraje, y convertirse finalmente en un pueblo imbatible. Lo cierto es

que ese canibalismo jamás fue corroborado y,

sin embargo, continuó siendo parte del imaginario europeo acerca del salvajismo de los nativos latinoamericanos.

[Fig. 1] Vendedor de frutas, Tarsila do Amaral, 1925


Con este manifiesto se logra eliminar la connotación negativa del término antropofagia, y se le da una visión

un poco más poética a un inminente proceso de renovación cultural. La analogía consistía en la idea del devoramiento de la otredad, de lo ajeno –en este caso la cultura europea-, y de una posterior intervención con elementos propios, es decir de la propia cultura, conformando así un nuevo lenguaje para un Brasil independiente.

Recordemos que estos artistas fueron contemporáneos a la abolición de la esclavitud en Brasil, oficializada en 1888, época en que, grupos étnicos oriundos de allí y afrodescendientes comenzaban a manifestarse, a buscar espacios donde expresarse, y luchaban por conseguir el derecho a decidir en ese país “revolucionado”, pero que aún estaba en manos de blancos descendientes de europeos.

Finalmente, después de viajar por Europa, De Andrade escribe el manifiesto, proponiendo esta hibridación, dejando de lado el sentimiento popular de sumisión y la admiración por la cultura europea, e instando a sus compatriotas a volver a la identidad originaria de Brasil -pero digamos que con un refresh-, y sin olvidarse de la época en la que vivían, impregnada de influencia extranjera.

Este manifiesto se propuso eliminar la percepción de “vacío de valores” que existía sobre el pueblo latinoamericano, expulsando cualquier mandato divino proveniente de las religiones europeas moralizadoras y reforzando las creencias en mitologías indígenas propias. Sin embargo, sus mentores, como artistas no podían omitir que estaban atravesados por el marxismo, el psicoanálisis y otras nuevas olas de pensamiento provenientes del viejo continente. Por ello optaron por cuestionar las represiones sociales (en términos psicoanalíticos) que ponía en evidencia Freud en su teoría, para darle lugar a un sentir más liberador, recuperando saberes ancestrales de la naturaleza, experiencias físicas como la danza y la música, e incluso reivindicando el valor de la igualdad propio de las comunidades horizontales.


Este manifiesto podría entenderse como una oposición a la pasividad de recibir todo tal como vino, y un hincapié a la necesidad de asumir la propia palabra, de dar voz a la parte de la historia que fue omitida en aquellos viejos registros europeos.


Para esta ocasión seleccioné una pintura de la artista Tarsila do Amaral, autora de la primera obra considerada del estilo antropofágico, movimiento que comenzó a dar identidad a la cultura pictórica de Brasil. Lxs artistas que comienzan a surgir están desnudos de prohibiciones, son capaces de representar su origen. Dan lugar a lxs pobladores afrodescendientes como protagonistas de las obras, muestran el paisaje, la fauna propias de Brasil y parte de sus costumbres, enfatizando el rol de la música dentro de la vida cotidiana.


Y en lo que a música refiere, y en un “más hacia acá” de la historia, me animo a recomendarles el disco de Caetano Veloso “Transa”. Es un disco creado íntegramente durante su exilio en Londres, allá por el año 1972. Ese movimiento setentoso llamado Tropicalia, fue parte de la antropofagia también. Cómo no considerar una actitud culturalmente antropofágica la de Caetano, que gestó su disco en la misma tierra, la misma época y el mismo idioma que los Beatles, pero con la sensibilidad y la calidez que caracterizan al pueblo brasilero.


Si querés leer el Manifiesto, aquí va el link:

http://www.ccgsm.gob.ar/areas/educacion/cepa/manifiesto_antropofago.pdf


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